lunes, 5 de noviembre de 2018

La inquebrantable promesa del dedo meñique


Como dos extraños con una sola oportunidad de conocerse. Como dos locos que entrecruzan una sola mirada que les devuelve la cordura. Como dos cuerdos que con una palabra besan la locura. Como dos niños tomados de la mano para cruzar la avenida del deseo. Como dos personas que no tenían mas remedio que amarse, el uno al otro, cada quien con cada cual.

Con ellos no acaba la noche, no se acaban las palabras, las risas, los viajes, los planes. Con ellos el mar resuena y la noche se aclara. Con ellos, los besos estremecen el deseo, ella acurruca su cabeza y él pone su hombro rodeando con su brazo su tersa y blanca espalda para acariciar los dos lunares que la distinguen.

Se aman, lo saben, lo callan, lo hacen, sin temor al mañana, sorteando la distancia que los separa, eliminando el tiempo que no se ven, pues la vida solo cuenta cuando están juntos, juntos en el parque, juntos entre sábanas, juntos en el auto, juntos en la banca, juntos en la mesa de un restaurante o juntos en algún lugar que será siempre de los dos.

Han vivido lo suficiente como para encontrarse en el momento justo, han vivido lo suficiente para saber que decisiones tomar y lo mas importante, han vivido lo suficiente para entregar palabras que ensordecen el alma y dan mil razones mas para continuar ese camino sinuoso de su amor en silencio, de su amor entre dos, que sin duda le dice al mundo que están destinados a ser el uno para el otro, el cada quien de su cada cual.


Amor

Tú, que tratas de entenderme
y aunque muchas veces no lo logres, 
no te detienes, 
hasta comprenderme. 

Tú que siempre me sacas una sonrisa 
aun cuando estoy en mis días malos

Tú, mi persona favorita en el mundo, 
gracias por soportar mis groserías, 
mis berrinches, mis amarguras, 
pero sobre todo
 gracias por no irte 
cuando mas te he necesitado. 
Te quiero mucho.


AyK