jueves, 25 de octubre de 2018

Accidentally in love

Ese día estacioné mi auto bajo una sombra, siempre me dejaban sin lugar y tenía que estacionar en cualquier espacio soleado, pero ese día el portero me sonrió y ni siquiera me pidió mi nombre, fruncí las cejas y entré. Cuando estaba adentró recordé que no había cerrado las lunas traseras por el calor, cuando regresé para hacerlo encontré mi billetera en el piso y pensé ¡que suerte!

No había mucha gente, unas cuantas personas deambulando por aquí y por allá, no quería ir al salón pero no me quedaba de otra. Al caminar pensé -que temprano es- no hubo tráfico, la vía libre y con la musica perfecta, "algo va a suceder hoy" todo es raro, extrañamente bueno, pero aún no sabía que sucedería.

Estaba tenso, por el trabajo, tenía que presentar un horario complicado, informes y demás cosas, sin embargo caminando al salón y a cada respiro me sentí aliviado, una persona pasó a mi costado por la baranda y tropezó conmigo, me miró y sonrió, -disculpa- dijimos los dos a la vez, y seguimos.

A unos pasos de la puerta, recibí un mensaje de texto, - los bebes están bien- un día antes había discutido con la madre de mis hijos y ese mensaje fue tranquilizador, con un trasfondo de -no hay peleas, todo bien- de verdad ya me asustaba el día, era como si el multiverso conspirara a mi favor.

Frente a la puerta mi mano derecha empujó, mi pierna izquierda ingresó con desición y al medio abrir de la puerta azul comprendí todo, porque no hubo tráfico, porque no había peleas con Jessica porque habia un estacionamiento con sombra para mi, porque el portero no me pidió mi documento, porque el día sonreía, porque al rozarme con ese tipo ambos ofrecimos disculpas, en fin, porque todo era perfecto.

 La puerta azul se abrió y estabas tú. La puerta azul se abrió y estábamos los dos, la puerta azul se abrió y me miraste, la puerta azul se abrió y te miré

La puerta azul se abrió y sin saber cambio mi vida, pues después de ese día nada ha sido igual, empezamos con un hola que no ha terminado aún, y han pasado tantas cosas que parece increíble tomarte aun de la mano y seguir sintiendo los mismos nervios como cuando abrí la puerta azul y sin nadie alrededor nos miramos.

Así de perfecto fue ese día soleado de enero del 2017. Solos tu y yo, donde el tiempo y el destino nos puso.