viernes, 1 de julio de 2011

Desintoxicación...

Empecé a fumar cigarros a los 13 años, cuando estaba en tercero de secundaria. Me enseño mi amigo Oscar Mansilla que hoy anda perdido en Estados Unidos buscándo la felicidad entre montones de dinero ganado en un restaurante. Ya había visto fumar de niño a mi padre, el cigarro siempre me llamó la atención, recuerdo haber recogido colillas y olerlas a escondidas hasta la saciedad. Nunca me atreví a encender uno hasta la secundaria. En las peras de las tardes, el Orejón (asi le decíamos a Mansilla) siempre fumaba y yo me acerqué a él, me ofreció y acepté, asi de fácil.

Cuando el humo ingresó a mi boca por primera vez no sentí nada, pero el orejón me confesó que el secreto era pasarse el humo y luego expulsarlo con moderada fuerza, eso era fumar, lo otro solo era retener el humo en la boca, debía llegar a los pulmones y luego salir. Para lograr ese cometido, el orejón me aconsejó hacer un globito con los cachetes y pasarmelo de frente, así evitaría que me raspara la garganta. Aprendí a la primera. Me dejó solo y me terminé el cigarro.

A partir de ese día, fumaba seguido, cuando podía compraba cigarros o se los robaba a mi papá, me los fumaba a escondidas, en el estadio, en la oscuridad del cerro, mas nunca en mi casa, nadie debía enterarse, al menos hasta ser mayor de edad.

Cuando pasé los 18 años seguí fumando, en la academia, en la universidad, en las fiestas, en los parques, en cualquier lugar donde se me antoje. Se hizo una costumbre, no era un adicto pues fumaba en promedio 3 o 4 cigarrillos a la semana, lo que hace una cuenta de un día si y otro no.

Estas últimas semanas de depresión sobrepasé mis límites, en dos días solitarios llegué a fumar 45 cigarrillos hamilton, y esporádicamente bajé la dosis a 5 o 6 por noche. Nunca pensé llegar a fumar tanto. Acobo de recuperar la cordura y ayer he fumado el último cigarrillo de estos días. No hay mas, pretendo dejar el tabaco por algunos meses y concentrarme cosas menos dañinas, como el alcohol, jajaja...